¿Cuánto le cuesta al planeta tu reunión de Zoom?

Desde que sobrevino la pandemia nos hemos acostumbrado a las reuniones virtuales. Zoom, Teams, Webex, Google Meet… la cantidad de plataformas y posibilidades es inmensa, pero seguramente no nos hemos planteado qué suponen todos esos encuentros virtuales para la sostenibilidad del planeta.  Al final, casi cualquier acción que realicemos supone un consumo de energía y las reuniones, webinars y eventos online a los que asistimos, también suponen emisiones para el medioambiente. La perfección no existe y es cierto que cualquier reunión virtual es menos contaminante que asistir a un encuentro presencial al que lleguemos con el coche privado, independientemente de si éste es de combustión o 100% eléctrico, pero utilizar cualquiera de estos servicios también ayuda a incrementar la huella de carbono.

Son varios estudios los que corroboran cómo el uso intensivo que hacemos de Internet y todo lo que nos ofrece impiden que la huella de carbono se reduzca más rápidamente. Es verdad que desde el comienzo del siglo XXI las emisiones se han reducido de forma drástica, pero en lo que se refiere a las TIC, todavía se puede ir un paso más allá.

Algunos datos (impactantes)

Un informe realizado por investigadores de la Universidad Purdue, la Universidad de Yale y el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), analizó por primera vez las huellas de carbono, agua y tierra asociadas con la infraestructura de Internet. El estudio destaca que solo una hora de videoconferencia emite entre 150 y 1000 gramos de dióxido de carbono. Poco si se con los algo más 2 kg de CO2 que emite cada litro de gasolina que consume un coche.

Más datos: dos personas que pasen 12 horas en Zoom a la semana con calidad HD generarán alrededor de 0,27 kg de CO2, que es el equivalente a conducir 2,31 kilómetros. Si esas dos personas amplían la calidad del vídeo a 1080p, el consumo de energía se multiplica por cuatro. Si, además, aumentan las personas que asisten a la reunión, el gasto energético también aumenta. Por ejemplo, una reunión semanal del equipo con 10 participantes y dos horas de duración, que miran en calidad de 1080p durante una hora, libera 0,17 kg de CO2. Durante un año, esto sumaría 8,84 2,68 kg de emisiones de dióxido del carbono, lo que equivale a conducir 50 kilómetros. Cualquiera puede saber lo que consume con sus reuniones de Zoom, qué supone eso en emisiones de CO2, y que equivalencia tiene con respecto al uso de un automóvil. A través de esta herramienta podremos ver lo que consumimos cada uno de nosotros.

Al igual que ocurre con cualquier otro apartado que involucre al consumo energético y a la sostenibilidad, no se trata de prescindir de Zoom y de todas las bondades que aporta. Se trata de adquirir nuevas rutinas y de educar a las personas para que las emisiones sean menores. A fin de cuentas la gran mayoría acaban de iniciarse en el uso de este tipo de herramientas. Es necesario que las empresas eduquen a sus empleados en el uso de las soluciones de videoconferencia y colaboración. Y lo pueden hacer, porque se necesita muy poquito. Cosas tan simples como desconectar la cámara o reducir la calidad del vídeo harán que el consumo energético se reduzca de forma sensible.

Pero no sólo Zoom

Cualquier herramienta o aplicación que utilicemos lleva aparejado un consumo energético y, por tanto, la emisión de CO2. Es lo que se denomina como la huella de carbono digital. Por ejemplo, ver una hora de contenidos en Netflix supone una emisión de 55 gramos de CO2. En este caso, es el dispositivo en el que se vea el culpable de que las emisiones sean mayores o menores: a mayor tamaño de la smartTV, mayores emisiones de CO2. Si el usuario viera la película a través de un smartphone o una tablet, el consumo energético y el volumen de emisiones descendería de forma drástica.

Diferentes datos que aportan algunos estudios apuntan a que el uso indiscriminado de la tecnología tiene un gran impacto ambiental: las 47.000 búsquedas que se realizan en Google cada segundo generan 500 kilogramos de CO2 y el consumo de YouTube de un año, diez millones de toneladas, similar al de la ciudad de Glasgow, a pesar de que Google es una de las empresas que más en serio se toma la protección del medioambiente y el impacto que sus herramientas tienen en la huella digital. En este caso también un pequeño gesto puede ayudar a mejorar la salud del planeta: escuchando música a través de aplicaciones como Spotify en lugar de hacerlo a través de Youtube.

Por supuesto, en el top de generadores de emisiones también se encuentran las redes sociales. Un estudio de Greenspector, acaba de poner negro sobre blanco a la huella ambiental que dejan las diez principales redes sociales. Estamos dedicando una media de alrededor de dos horas diarias a las redes sociales lo que supone que cada usuario emite de forma anual 60 kilogramos de CO2 a la atmósfera similar a lo que emite un vehículo de combustión al recorrer 535 km.

De entre todas las redes sociales hay una que ocupa la última posición en todos los parámetros del informe de Greenspactor: TikTok. Tanto en emisiones de CO2 como en consumo energético la red social lidera la clasificación. En lo que se refiere al primero de lo parámetros cada usuario de la plataforma china 2,63 gramos de CO2 por minuto. Reddit, Pinterest e Instagram le siguen en una clasificación, en la que todas ellas supera el gramo de emisiones. Youtube, por contra, es la mejor situada con 0,46 gramos.

En lo que al consumo energético, nuevamente TikTok se sitúa en la cumbre. Además del impacto medioambiental, es posible que muchos usuarios descubran ahora por qué se les agota tan rápido la batería de su móvil. Facebook y Snapchat acompañan a la plataforma de vídeos cortos en el pódium de esta clasificación. Por contra, YouTube, Instagram y LinkedIn son los alumnos aventajados en consumo energético.

La concienciación de las empresas

En beneficio de las compañías tecnológicas, hay que decir que todas ellas tienen planes y políticas medioambientales. Saben que los centros de datos contaminan y también muchas de sus soluciones. Y llevan años dando ejemplo e introduciendo a la sostenibilidad como uno de los pilares de su estrategia corporativa. Por ejemplo, Google, ya se comprometió en 2007 a ser una empresa neutra en carbono. El objetivo lo consiguió diez años después: en 2017, se convirtió en una empresa neta cero emisiones, comprando energía renovable para igualar su uso de energía. Su siguiente compromiso es que en 2030 sólo pueda operar con energía renovable.

Microsoft es otro ejemplo de la importancia que dan a la sostenibilidad. Para esta multinacional, también la fecha de 2030 es clave: en su caso no les valdrá con ser neutros en carbono sino tendrá que ser negativa. La firma también se ha comprometido a reabastecer más agua de la que consume y en 2050 tiene que haber eliminado toda la huella de carbono que ha generado desde su fundación en 1975.

Ejemplos hay muchos, pero queda uno esencial: educar al usuario. Damos por hecho que ver una serie o estar en una red social no comporta ningún problema para el medioambiente. De la misma forma que nos hemos acostumbrado a reciclar, a cerrar el grifo mientras nos lavamos los dientes o a comprar aparatos eficientes, podemos plantearnos si realmente necesitamos tener esa reunión por Zoom o lo podemos resolver con un simple e-mail.